12.7.07

...el caballero de la sonora.

La semana pasada, como muchas veces, iba caminando por la Alameda... Hacía mucho frío, pero el día estaba lindo... pues claro, como no iba a estarlo si se encontraba absolutamente despejado luego de haber llovido los tres días anteriores casi seguidos.
Mientras caminaba, iba escuchando música y viendo las cosas que suelen integrar el grupo de la "cotidianeidad"... En realidad nosé por qué existe esa palabra... cada día es distinto a los demás y no hay absolutamente nada que ocurra de la misma manera que como ocurrió el día anterior o como va a ocurrir al día siguiente... eso es lo que creo yo al menos.

En fin...

Estando más o menos a la altura del metro universidad de chile, me di cuenta que no llegaría a tiempo donde debía ir si seguía caminando, asique tomé una micro oruga... ahí fue que vi el motivo de todo esto...

Se subió un caballero... viejo, barbón, calvo y chico... de ropa trajinada y apolillada, con un sombrero color café parecido al de los señores de los años 20 y una gran sonrisa detrás de sus largos bigotes...

Pasado un rato, la micro seguía detenida, de hecho, dieron la luz verde y aun no partía... ¿Qué pasó?... Era el caballero... pues se había subido él, pero aún estaba abajo su "batería"... eran 5 o 6 fierros soldados como formando un tronco y sus ramas... en las puntas de esos fierros, ingeniosamente, habían 2 tapas de ollas (los platillos) y 2 baldes (los tambores)... todo total e inteligentemente pegado de manera que pudiera soportar los días, las noches, el viento, la lluvia y el movimiento de las micros... de su bolsillo saco una peineta y un papel, los cuales puso en su boca. Luego, sacó un par de maderas que harían las veces de baquetas... tomó un piso plegable que traía con él, se sentó justo en el medio de la micro y puso la estructura de fierros frente a su cuerpo.

Sin decirle nada a nadie, "Sonora Pedro" se presentó y comenzó a tocar su repertorio de 5 cumbias al hilo... entreponiendo palabras como "auuuuurora", "caaaaarolina", etc. Finalmente y terminada su performance, tomó sus cosas, dió las gracias al respetable público y comenzó a caminar hacia la puerta. Cuando estaba listo para bajarse, dijo: "Chucha, devera que tengo que pedir la plata"... se devolvió explicando a la gente que fue un "lapsus" y entre risas comenzó a pasar por los asientos.

La verdad es que para muchos puede que haya sido un hecho de la "cotidianeidad", del acontecer diario en las tardes de la Alameda... y es que claro, cuantos Pedros andarán por ahí con su sonora propia haciendo exactamente lo mismo que éste... Quizás sus canciones no tenían nada de especial, quizás su traje no era el mejor como para realizar un show público, quizás la gente de la micro, que lo evitaba con la mirada, ni siquiera quería escucharlo... entonces... ¿por qué tocaba?, ¿qué cosa hacía que le siguieran dando ganas de subir a una micro a sacarle sonidos a esa batería destartalada?...

¿Será la plata?... no, no creo. Aparte de que casi se olvida de pedirla, difícilmente alguien sin "eso" aguantaría montar semejante espectáculo día tras día y recibir tan poco a cambio.

Entonces... ¿qué será "eso"?...

¿Las ganas de vivir?, ¿las ganas de sacarle una sonrisa a toda esa gente urbana que anda como loca, haciendo movimientos automáticos frente a los estímulos diarios de la vida?, ¿las ganas de hacer despertar a todo aquel que se encuentra sumido en la rutina de una ciudad de locos?, ¿las ganas de no parecerse al resto y hacer algo totalmente distinto?...

Cada uno podría interpretar como quisiera esta historia... para mi por lo menos, me muestra la belleza de las cosas simples. Las ganas de hacer cosas que van más allá de obtener dinero, de hacer cosas que realmente engrandezcan el Alma... y es que don Pedro, con 100 lucas de regalo sería inmensamente feliz... pero jamás vendería su batería, porque sin ella se muere.

Quizás qué cosa esté haciendo en este momento el "caballero de la sonora"... pero en ningún caso, pensando que lo que hizo esa tarde provocó que le dedicaran un escrito en un blog. Por mi parte, no me queda más que decirle Gracias a la distancia, pues trata de mostrar a quién se dé cuenta que la belleza de las cosas, no la tienen las propias cosas, sino que el contexto en el cual suceden... pues trata de mostrar a la gente que se puede ser feliz con tan sólo un par de palos, unos baldes y unas tapas de ollas viejas.

1 comentario:

Leyla Olguín dijo...

Él es la cagá.
Nunca lo he visto en la micro, pero sí en la calle y en Cartagua también, creo.

Había leído esto hace raaato, pero se me fue dejar un rastro por acá.

Nos vemos como en una semana, cuando vuelvan :o jaja

Un abrazo.